En noviembre de 2024, la situación deportiva del club era muy delicada, al no haberse estrenado en liga, tras varias fechas (como todo el mundo sabe). Y en ese momento llegó un viejo (pero aún joven) conocido; Rubén Perelló.
La marcha del mallorquín, allá por junio de 2013, se produjo en el mejor momento posible; el Lucentum era ACB. A pesar del éxito, el técnico puso rumbo al CAI Zaragoza, debido, en parte, a la disolución del CB Lucentum. Su paso por Almansa lo consagró, y el Fuenlabrada lo reclutó.
Once años después, tuvo los galones y la esperanza del salvar al club que ya había llevado a lo más alto, despertando, con cierta dificultad, la ilusión perdida en Alicante. Asimismo, el 2025 le sentó de perlas al balear, que revitalizó a un equipo desahuciado, tarea que culminaría con la permanencia, con tres jornadas aún por disputarse. El HLA le agradeció el esfuerzo realizado, con su renovación, para así asentar las bases de un gran proyecto.
El año se desarrollaría de la mejor manera; terceros en liga desplegando un baloncesto de categoría. Pero el 2026 apagó muchas luces de grandeza. La marcha de Walker fue un duro varapalo del cual Perelló tuvo que adaptarse, consiguiendo así, de manera agónica, una clasificación al PlayOff de la Liga Endesa, con un grupo muy distinto al de principio de temporada.
Finalmente, llegamos a nuestros días. Una previsible pero discreta participación en las eliminatorias, sumada a la tendencia negativa, acabarían con la estancia del palmesano en Alicante. A modo de conclusión, queremos agradecer la inmensa labor de Rubén, un entrenador enérgico pero constante, que ha llevado por bandera la resiliencia y la resistencia, términos muy ligados al famoso «Quien nunca se rinde al final triunfa», lema de la Kali Nord, peña de la cual se despidió con agradecimientos.
¡Gracias y suerte, Rubén!




